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Con Stendhal - Simon Leys

Este ameno y revelador librito contiene tres textos que giran alrededor de Henry Beyle, más conocido como Stendhal. El más extenso es el primero, escrito por Prosper Mérimée, que fue durante muchos años amigo y compañero de viajes de Henry Beyle, aunque en una última etapa se distanciaran un poco. Le sigue una brevísima acotación de la escritora francesa George Sand, que coincidió con Stendhal en un corto trayecto hacia Italia. Y por último, un curioso texto del propio Stendhal, Los privilegios. LEER MÁS

Dedicado a los Happy Few (gente guapa, diríamos, aunque en el libro lo traducen como almas sensibles), expresión que usa el propio Shakespeare en Enrique V, Stendhal da por hecho que muy pocos van a leerle. El escritor suizo llevó una errática carrera, vacilante y con altibajos, y solo bastantes años más tarde de su muerte se reconoció masivamente el valor literario de su obra. Por el contrario, a Mérimée le leyeron mucho y muy pronto; fue vertiginosamente famoso en el mundo literario y teatral, siendo su Carmen la novela más popular. Una cierta envidia puede que corroyera íntimamente a Henry Beyle cada vez que viera anunciada alguna obra de su próspero amigo. Lo cierto es que ambos eran dispares en cuanto a su manera de enfocar tanto la vida como la literatura. En común tenían el amor a la música, a la literatura y el arte, a los viajes, a las mujeres, pero discrepaban en la concreción de todo ello. Como bien dice Simon Leys, Mérimée mantuvo, (desde que en 1820 se conocieron, hasta la muerte de Stendhal) una larga amistad con Henry Beyle, al que apreciaba profundamente, pero no apreció ni le dedicó apenas tiempo a Stendhal. Ello llevó al autor francés a escribir esta semblanza de su amigo cuando este falleció. Semblanza basada en vida y carácter, pero no en la obra de Stendhal, que Mérimée despreciaba. Ninguno de los dos se casó, aunque mantuvieron vidas amorosas tempestuosas y turbulentas con mujeres.

Mérimée nos habla de Beyle como un hombre tempestuoso, enardecido, voluble y cambiante. Físicamente poco agraciado, y sin embargo amante pasional, enamorado del amor. Cuenta que según Beyle «siempre era la lógica la que debía guiarnos en todas nuestras acciones» pero la lógica stendhaliana no era la del resto de los humanos; resultaba muy difícil, incluso para sus más íntimos amigos, seguir los pasos de una lógica tan privada. Beyle tenía dos pasiones: el amor –que veía como una forma de enfermedad― y la literatura. Se autoproclamaba como un «observador del corazón humano», un estudioso de las pasiones. Y en cuanto a la escritura, la máxima de nulla dies sine línea la aplicaba a sí mismo. En cuanto a las artes, era un amante de la música, con gran sentido de la melodía. El dibujo y la pintura le impactaban, si bien la escultura no le llamaba tanto la atención. Pero consideraba, a pesar de haber escrito bastante sobre las bellas artes, que resulta muy difícil, casi imposible, describir con palabras las sensaciones que uno recibe con el arte, pues pertenecen a un espacio plástico especial, a un sentimiento que podemos vivir pero del que apenas podemos hablar.

Comenta Mérimée también la participación de Beyle en las campañas napoleónicas, concretamente la rusa en 1812, como auditor de guerra en el cuartel general de Napoleón. Respecto a éste, Beyle tenía sentimientos encontrados. A veces le alababa hasta la saciedad y a veces le consideraba un palurdo, un nuevo rico.

En suma, el autor francés nos da una imagen general de la vida y principales momentos de su amigo suizo, soslayando por completo la obra literaria.

Tras el texto, un apéndice sobre la vida de Mérimée y otro sobre la de George Sand (Aurore Dupin), se insertan unas breves páginas de la escritora francesa: Un viaje por río en compañía de Beyle. El viaje en cuestión lo hacía en compañía de su amante del momento, Alfred de Musset, desde Lyon a Avignon por río, y ambos se dirigían a Italia, (Beyle era por entonces cónsul en Civitavecchia) pero por distintas vías a partir de allí, ya que ella seguía por mar y Beyle no era muy aficionado a las aguas libres. La escritora andrógina le considera un espíritu «encantador, original y snob» y estaba convencida de que no era malo, «aunque se esforzaba por parecerlo». Esa fugaz relación le lleva a decir a George Sand que Beyle, a pesar de ser muy ingenioso, «escribe muy mal». Es curioso.

Escritos en Roma en 1840, en pleno enamoramiento y un año antes de sufrir una apoplejía, Los privilegios es un conjunto de 23 artículos que mezclan el apasionamiento juvenil y el anticipo de la muerte. Este texto estuvo olvidado hasta 1961, en que Victor del Litto lo sacó a la luz. Es un texto enloquecido, alternando humorismo y dramatismo. Stendhal protegía su sensibilidad escondiéndose ―como muy bien intuyó George Sand―tras una fachada de falso cinismo y obscenidad.

Acompañan a estos textos unas notas muy jugosas de Simon Leys, así como algunas ilustraciones, dibujos (retratos de Stendhal y de George Sand). Una edición agradable e interesante.

Ariodante

FICHA DEL LIBRO


Título: Con Stendhal | Autor: Simon Leys | Traducción: José Ramón Monreal | Editorial: Acantilado | Páginas: 112 | Precio : 12€ | Reseñado por: Ariodante |
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About Pepe Rodríguez

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1 comentarios :

Anónimo dijo...

QUISIERA SABER SI EL LIBRO ESTÁ TRADUCIDO AL CATALÀN O SI EL ORIGINALES EN INGLÉS. GRACIAS