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Resurrección - Lev Tolstói

Resulta increíble que Tolstoi diera forma definitiva a Resurrección siendo un anciano de más de ochenta años ya que demuestra una claridad de ideas que ya la quisiéramos muchos cuarentones. La trama de la historia sirve como vehículo a través del cuál expresar y trasmitir su visión personal sobre la penosa situación política, religiosa y social de la Rusia Zarista, que a punto estaba de dar sus últimos coletazos, y que se manifestaba en un gran número de injusticias y situaciones miserables en las que el pueblo ruso llevaba todas las de de perder y sus mandatarios todas las de ganar. Sin embargo, Tolstoi no se limita a denunciar los males de su país sino que además propone soluciones utópicas e idealistas en las que están presentes siempre las enseñanzas de Jesucristo tal como aparecen reflejadas en los evangelios. Para ello, el autor utiliza la figura del príncipe Nejliúdov que a lo largo de la trama funciona como su perfecto alter-ego, adoptando en todo momento el rol de transmisor de sus ideas. LEER MÁS

Como su propio nombre indica Resurrección es la historia de una redención, la que experimenta el príncipe Nejliúdov, el cuál se siente culpable de la lamentable situación que padece Katia Máslova. La joven ha sido encarcelada injustamente, acusada de un crimen que no ha cometido. En su juventud, Nejliúdov sedujo y abandonó a Katia y él se siente responsable de su desgraciado sino así como de su encarcelamiento, ya que ha sido acusada por un error burocrático del jurado popular del cuál formó parte el propio Nejliúdov. Por ese motivo, el príncipe se siente en la obligación de librarla de la cárcel y está dispuesto incluso a casarse con ella. No voy a desvelar más detalles del argumento pero sirva esta breve sinopsis para explicar como a partir de un argumento más propio de un melodrama de época, Tolstoi hace un repaso de la penosa situación de la Justicia y del resto de administraciones públicas soviéticas formada por un funcionariado apático e insensible que no duda en encarcelar a ciudadanos injustamente o por error. De igual modo, realiza una descripción bastante detallada y descorazonadora de la inhumana existencia de los encarcelados en prisión, especialmente de las mujeres, así como de la penosa situación de los que eran trasladados a Siberia, condenados a trabajos forzados. Aquí, Tolstoi expresa interesantes reflexiones: ¿Cómo algunos seres humanos que no son mucho mejores, llenos de defectos y pecados, se erigen en el derecho de castigar a otros y llevarlos a prisión? Para el autor (y para Nejliúdov), la prisión no sólo no sirve para rehabilitar a los condenados sino que además los corrompen y pervierten, transformándolos en peores personas.

De igual modo, a través de la figura del Príncipe Nejliúdov se nos describe un retrato bastante completo y fidedigno, no falto de acidez, sobre el modo de vida de la aristocracia y la alta burguesía de la Rusia Zarista. Conforme éste se va haciendo consciente del cuál es la realidad social de su país, Nejliúdov se sentirá un desclasado, un sujeto que no se siente identificado con los usos y costumbres de su clase social, rituales en los que antes participaba sin rubor y con los que comulgaba perfectamente y se sentía cómodo y feliz; otro punto de contacto con Tolstoi que por aquel entonces vivía como un ermitaño. Incluso, llegó a abandonar a su familia para iniciar una peregrinación a ninguna parte, durante la cuál enfermó y falleció al llegar a una estación ferroviaria.

Otro punto de contacto entre Nejliúdov y Tolstoi reside en su idea de que la tierra no debía de pertenecer a un único propietario o terrateniente sino que debía de ser de todos. En el bloque central de la novela Nejliúdov decide repartir sus tierras entre los campesinos que trabajan para él, decisión que no es entendida demasiado bien por estos y que no termina de ser resuelta satisfactoriamente al final de la novela, quizá porque todos los proyectos iniciados por el autor en ese sentido fracasaron. Tolstoi también quiso repartir sus propiedades entre sus siervos pero esta idea no contó con la aprobación de su esposa y no pudo llevarse a cabo. Sin embargo, el autor se hacia su propio calzado y araba la tierra para extraer de ella sus alimentos.

Por lo tanto, Resurrección significa una suerte de reunión del pensamiento de Tolstoi; testamento ideológico en el que expresar sus conclusiones sobre la vida y de cómo se podrían solucionar todos los problemas de la Humanidad si todos nos pusiéramos de acuerdo en amar y respetar al prójimo y se pusiera en práctica la doctrina del Amor de Cristo. Quizá estas conclusiones nos pueden parecer algo cándidas, ingenuas o poco probables- lejos estaba Tolstoi de imaginar por aquel entonces los acontecimientos futuros que iban a convulsionar a su país pocos años después tras el derrocamiento de los Zares y la instauración del comunismo – pero lo cierto es que resultan sorprendentes formuladas por un anciano de más de ochenta años ya que se nos muestran exentas de pesimismo o desesperanza y llenas de fuerza, convicción y solidez. Y en eso radica, pienso yo, la emoción que me trasmite este texto, tan denso como inolvidable.

JOSEPH B MACGREGOR http://thebronkus.wordpress.com/

FICHA DEL LIBRO

Título: Resurrección | Autor: Lev Tolstói | Editorial: La Otra Orilla | Páginas: 480 | Precio: 18€ | Reseñado por MacGregor

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About Pepe Rodríguez

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1 comentarios :

ARIODANTE dijo...

Magnífica reseña, MacGregor. Este es el libro que aún no he leído de Tolstoi, aunque he visto una película basada en él y conozco la trama. Quizás la fuerte carga ideológico-religiosa me frenó un poco la lectura. Pero la verdad es que lo has presentado de un modo bastante atractivo. Quizás me anime, siendo como soy tolstoiana, (en el sentido literario)