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Entrevista a Antonio G. Iturbe autor de La bibliotecaria de Auschwitz.

Por Benito Garrido

La bibliotecaria de Auschwitz (Editorial Planeta, 2012) es la nueva novela del escritor aragonés Antonio G. Iturbe. Nacido en Zaragoza el año 1967, lleva ya veinte años dedicado al periodismo cultural. Ha sido coordinador del suplemento de televisión de El Periódico, redactor de la revista de cine Fantastic Magazine y trabaja desde hace dieciséis años en la revista Qué Leer, de la que actualmente es director. También ha colaborado en suplementos de cultura de diarios como La Vanguardia o Avui. Ha publicado las novelas Rectos torcidos y Días de sal, y es autor de la serie de libros infantiles «Los casos del Inspector Cito».

La bibliotecaria de Auschwitz. Antonio G. Iturbe. Editorial Planeta, 2012. 488 páginas. LEER MÁS

En un lugar tan sobrecogedor como el campo de concentración de Auschwitz, donde los libros estaban prohibidos, un luchador infatigable como fue Fredy Hirsch logró levantar en secreto una pequeña escuela, y una aún más pequeña biblioteca integrada por solo ocho libros en papel. Será la joven Dita, quien a sus catorce años se encargue de custodiar la biblioteca pública más pequeña, recóndita y clandestina que haya existido nunca.
“Los valientes son los que son capaces de sobreponerse a su propio miedo”.

Basada en hechos reales, Iturbe rescata del olvido una heroica historia de dolor y lucha, pero también de esperanza. Entre tanta atrocidad, Dita consigue tener el suficiente coraje para, aferrada a sus libros, seguir viviendo. “Abrir un libro es como subirte a un tren que te lleva de vacaciones”. Hoy, tras haber sobrevivido a la masacre nazi, y a sus 82 años, Dita Kraus vive tranquilamente en Israel desde donde puede ver cómo esta novela cuenta su historia.
 
Entrevista:
 
P.- ¿Cómo surgió la idea de novelar esta historia real tan cruda, terrible y esperanzadora a un tiempo?
La idea inicial era hacer un reportaje, pero la documentación tenía ciertas lagunas. Además, encontré personajes interesantes que habían coincidido en el campo pero que no habían llegado a interactuar. Por otro lado, yo no me considero un experto en la Segunda Guerra Mundial, y meterme en un ensayo me daba cierto respeto. Así que opté por el camino de la novela, algo que me permitía rellenar los huecos de la documentación con ficción, y también moldear algunos personajes para que aparecieran todos en la foto. De esta manera conseguía montar una historia completa.
 
P.- Personajes verídicos que parecen de novela. Todos conocemos el nombre de asesinos como Joseph Mengele, pero ¿quién es Dita Kraus y quién fue Fredy Hirsch? ¿Cómo llegaste a ellos?
A mí me interesaba sobre todo el tema de la lectura y las bibliotecas. Leyendo un libro como es La biblioteca de noche de Alberto Manguel, encontré información sobre una pequeña biblioteca que había surgido en un barracón de Auschwitz. Fue algo que me fue rondando en la cabeza días y días, hasta que decidí tirar del hilo. Así empecé a investigar, a componer un puzzle sobre el tema con piezas que no estaban demasiado nítidas. Un día por internet descubrí una novela de Ota Kraus ambientada en este campo de concentración. Al contactar con la web, la persona que me contestaba se llamaba Dita, igual que la niña del barracón. Resultó ser la misma persona. Una mujer modesta y humilde que considera que aquello que hizo no fue nada especial. La relación epistolar con ella me ayudó mucho a completar la novela.
 
P.- ¿Tu historia está más cerca de la realidad o de la ficción?
Los personajes sí son reales, pero la creación de situaciones y los diálogos son ficticios, así como los huecos de la documentación que había que rellenar. ¿Cuándo hay de cada? Es algo difícil de dilucidar. En cualquier caso, la voluntad de este libro es contar una historia verdadera con los mecanismos de la novela, y usando la ficción como muleta. Pero siempre he intentado ser fiel a lo que sucedió.
 
P.- En situaciones como las que refleja tu novela, ¿crees que hay que llegar hasta el fondo de la maldad humana para recuperar esos valores por los que seguir viviendo?
Probablemente sí porque muchas veces no somos conscientes de que la maldad es algo que está ahí y que anida en nosotros mismos. Enfrentarnos a ella en su máxima potencia nos permite ver que se trata de una fiera que debemos tener bien atada. Decía Semprún que los libros son máquinas para combatir el olvido. No podemos olvidar el horror que se vivió allí, debemos tenerlo presente para intentar que no vuelva a repetirse. Visitar el horror debería ser como una vacuna.
 
P.- ¿Mantener la memoria histórica de nuestro pasado reciente se hace entonces indispensable para poder vivir el presente? ¿Somos nuestro pasado?
Somos nuestro pasado sin duda. Nos apoyamos en una escalera en la que somos solo un peldaño. Detrás viene otro. Si no miramos atrás buscando una luz que pueda orientarnos, podemos volver a repetir errores, tropezar una y cinco millones de veces con la misma piedra. Pero quiero pensar que algún día aprenderemos algo.
 
P.- Libro que nos hace reflexionar, sentir cerca unos acontecimientos que no hemos vivido. ¿Crees en esa frase tan manida que dice que la historia siempre se repite?

Las personas somos terriblemente imperfectas, y vivimos siempre en una cuerda floja moral. Somos corruptibles, acomodaticios y de moral volátil. El asesinato sistemático y premeditado que se produjo en el Holocausto espero que no se vuelva a producir. Habría algunas alarmas que saltarían antes. Durante la guerra Europa no era consciente de lo que pasaba en los campos de exterminio, era algo que no se quería creer por mucho que se filtrasen testimonios. Esa Europa ciega y aletargada no es igual hoy.
 
P.- ¿Es también tu novela una llamada en favor de la cultura?
Totalmente. Un libro no puede salvar una vida, pero la puede hacer mejor, incluso que valga por muchas porque cada libro es una historia, un momento, un lugar. Los libros en ese sentido son trampolines de las propias vidas, son impulsores. Mi vida sería vacía y gris si no hubiese leído.
 
P.- El trabajo de documentación para un libro como este se convierte en indispensable.
Hay que mantener una plataforma sólida sobre la que luego sustentar la ficción. La documentación por tanto, es realmente importante y clave para desarrollar luego la historia. Si además te encuentras con personajes reales con una existencia verdaderamente apabullante, no resulta necesario más que inventar lo justo (diálogos, situaciones).
 
P.- Vivimos desde dentro como era un campo de exterminio. Tremendo. Aunque lo hayamos leído en otros libros o visto en otras películas, no deja de sorprendernos.
No. Y menos mal que no deja de sorprendernos. El día que eso ocurra es que algún mecanismo dentro de nosotros se ha atrofiado. Es algo que nos tiene que indignar y remover por dentro. No he buscado hacer un libro con el que uno se regocije en el horror, todo lo contrario. He buscado hacer un libro esperanzado: dibujar ese barracón donde los niños juegan y aprenden entre el miedo.
 
P.- ¿Qué buscas más: alcanzar calidad literaria o emocionar al lector?
Si es por pedir la lista de los reyes magos se me podría hacer interminable. Pero bueno, si tengo que elegir entre estilo y emoción, yo me quedo con la emoción. Escribes para transmitir.
 
P.- Dedicado desde siempre al mundo de la cultura, ¿cómo fue lo de lanzarse a escribir un libro?
Nunca sabes si fue primero la gallina o el huevo. Yo he escrito desde muy pequeño, todas aquellas cosas que han quedado en un cajón porque son realmente sonrojantes. Estudiar periodismo era una forma de seguir escribiendo, de estar pegado a un teclado, de seguir ordenando palabras. Ya elegí la carrera de periodista siguiendo esa pulsión por la escritura. Así que el afán de escribir me ha acompañado siempre.

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About Pepe Rodríguez

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