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A merced de la tempestad - Robertson Davies

Salterton es un pueblecito tranquilo de Ontario. Y como en la isla de Próspero, desembarcan algunos personajes y se unen a los que ya están allí, tratando de montar una obra de teatro, que casualmente es La Tempestad, de Shakespeare. En su juventud, Davies se movió bastante en el mundo teatral, lo que le sirve para esta su primera obra y otras. Las incidencias y discusiones previas a la realización del evento, dan pie al autor para presentarnos a los personajes de la novela (y de la obra), desplegando todo su fino sentido del humor y una mirada en el interior del alma humana. El título original, Tempest-tost, es un adjetivo -poco usual- que significa “bombardeado o golpeado por complicaciones”, más o menos, y que podríamos traducir como “torbellino de problemas”, lo cual nos informa un poco de lo que vamos a encontrar en la novela. Ciertamente, el título español elegido por la editorial es más ilustrativo y funcionalmente atractivo. Hay una alusión a la obra que van a representar, así como al torbellino o turbulencia que se organiza alrededor de ella. LEER MÁS

Robertson Davies (Thomasville, 1913-Orangeville, 1995) es uno de los autores canadienses más importantes. Nacido en la región de Ontario, se educó en distintas instituciones de su país y Europa, estando siempre desde muy niño rodeado de libros y literatura. Su padre, el Senador William Rupert Davies era dueño de un periódico. Estudió seis años en Toronto y tres años más en Kingston (Ontario). Dejó Canadá y se graduó en el Balliol College de Oxford en el 38. En 1940 regresa a Canadá para dedicarse con éxito al periodismo y a escribir comedias; una década más tarde publica la primera de sus once novelas, organizadas en trilogías, que lo harían mundialmente famoso: la Trilogía Salterton, de la cual esta novela es la inicial; la Trilogía Deptford; la Trilogía de Cornish; y la inacabada Trilogía de Toronto. Además de novelas, Davies es autor de una treintena de libros entre cuentos, obras de teatro, crítica literaria y recopilaciones de artículos.

El montaje de la obra teatral shakespeariana sirve de excusa para diseccionar no sólo el cerrado mundillo de la farándula, sino el mundo de los pequeños pueblos, donde todos se conocen y donde cualquier hecho mínimamente diferente o sobresaliente es capaz de alterar la vida cotidiana y sobresaltar o entretener a sus aburridos habitantes. También es la excusa para poner en contacto a personas que han vivido encerradas en su propia vida, como el profesor de matemáticas Mackilwraith, un apocado cuarentón soltero que de pronto decide participar como actor, sorprendiendo a todos con su propuesta. O la exhuberante jovencita apodada –por razones obvias- El Busto, a la que el hecho de tener un papel en la obra le extrae una faceta desconocida.
El revuelo masculino creado alrededor de Griselda, la atractiva hija del dueño del jardín donde se realizará la obra teatral y las relaciones de Solly Brigdetower con su inestable y absorbente madre, siempre preocupada por el peligro amarillo, como la relación de la pobre Pearl Vambrace con su abrumador e insoportable padre son otras de las situaciones mostradas. El engreído y apuesto Roger Tasset, mujeriego finalmente atrapado en las redes femeninas. O el enloquecido músico Cobbler, que tiene unas salidas desmadradas y divertidísimas; el pobre jardinero galés Tom, que sufre con el destrozo que los actores están realizando en el jardín, como sufre, aunque de otro modo, el dueño del jardín, el señor Webster, padre de Griselda y la adolescente Freddy, cuya particular destilería vinícola en el cobertizo provoca reacciones encontradas. La organizadora e incontrolada Nelly Forrester, directora del Joven Teatro, encuentra la horma de su zapato al atraer a su vieja amiga Valentine Rich, profesional del teatro en Nueva York para dirigir la obra.
Los ocho capítulos van aumentando su ritmo hasta el clímax final en el que se estrena la obra y se producen situaciones delirantes. Conflictos amorosos entrecruzados provocan el paroxismo de Mackilwraith, y la interacción de los diversos componentes del grupo en el momento final tiene momentos francamente divertidísimos. Todo este conjunto produce el torbellino al que aludíamos en un primer momento. Una turbulencia simpática, mirada con un finísimo humor y deliciosamente escrita –y espléndidamente traducida- que se lee de un tirón.

Ariodante

FICHA DEL LIBRO

Título: A merced de la tempestad | Autor: Robertson Davies | Editorial: Asteroide | Traducción: Concha Cardeñoso | Páginas 344| Precio 20,95€
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About Pepe Rodríguez

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1 comentarios :

Pedro dijo...

Es poco habitual que leamos de un autor importante su primera novela despues de haber disfrutado de sus posteriores y portentosas trilogias, pero a sus demas libros los esperamos como agua de mayo. Otro aciertode Libros del Asteroide.